Ir a sitios interesantes, sin gastar mucho y por tus propios medios es posible. Vive siempre una aventura, en un destino cercano o exótico, porque eso diferencia a un viajero de un turista
Hace unos años, mi hermano hizo dudar a un grupo de amigos sobre la existencia de Palencia. Los argumentos empleados, un tanto jocosos (¿Dónde está…? ¿Cuál es su monumento más importante? ¿Has conocido a alguien de…? Dime algo típico de…), resultan creíbles si los planteas lejos de Castilla y León, pues es una provincia olvidada por los medios de comunicación y, encajonada entre Burgos, León y Valladolid, con unas fronteras difusas que los viajeros traspasan sin tener conciencia de ello.
Cultivo de cereales en Tierra de Campos
Y si lo dicho fue cosa de broma, presentarlo como propuesta turística, puede parecerlo aún más. Es una tarea difícil, pero como estoy seguro de ello, asumo el reto: esconde muchos secretos, la sabiduría popular sacó provecho de lo que tenía a mano (piedra, barro, adobe, ladrillo mudéjar…), es tranquilo y con unas gentes que, tras evaluar al forastero, aprecian una buena conversación. Lo tiene todo, salvo paisajes (incluso ésto es cuestionable), y, si te adaptas a los trayectos en tren, es posible emplearlo entre Dueñas, Venta de Baños, Palencia, Becerril, Paredes de Nava, Cisneros y Villada, o aprovechar la línea Frómista, Amusco, Monzón y Palencia.
Iglesia románica de san Martín, en Frómista
Esclusa de Fromista
Nuestro punto de partida será Frómista, conocida por la iglesia románica de san Martín (siglo XI) y las de san Pedro y santa María del Castillo (gótico tardío), que se encuentra en la intersección entre el Camino de Santiago y el canal de Castilla (XVIII-XIX). Esta vía navegable se proyectó para el transporte de cereales desde Medina de Rioseco y Valladolid hasta Alar del Rey y darles salida por los puertos del mar Cantábrico, pero el ferrocarril dejó obsoleta esta infraestructura tardía y fue reconvertida en acequia para el regadío de los pueblos situados a sus orillas, sin desarrollarse hacia los de los alrededores, que continúan dependiendo de los cultivos de secano. La esclusa cuádruple de Fromista fue parcialmente desmantelada y peor suerte corrieron otras instalaciones auxiliares del canal, abandonada o desaparecidas, aunque en algunos lugares han recuperado antiguos almacenes, molinos, silos...
Almacenes del canal de Castilla en Alar del Rey
Altar mayor barroco
Torre de san Hipólito
Coro de san Hipólito el Real
Órgano de san Hipótilo el Real
Unos kilómetros al este, Támara de Campos se derrama por la ladera de una colina. A los pies está la iglesia del monasterio de san Miguel (torre del XII y nave gótica del XV, sala de exposiciones) y algunos caserones señoriales (del Mayorazgo, de la familia Chico…) y, más arriba, la magnífica iglesia gótica de san Hipólito el Real (siglo XIV) con un notable coro plateresco, órgano sostenido por una única columna, púlpito mudéjar y altares barrocos. En la cumbre de la colina hay una ermita románica (XII, museo etnográfico) que sirve de mirador sobre las bodegas excavadas a sus pies y la campiña circundante, salpicada por los tradicionales palomares de Tierra de Campos.
Santoyo y su iglesia de san Juan Bautista
Detalle gótico del ábside de san Juan Bautista
Altar renacentista de san Juan Bautista
Nos detenemos brevemente en Santoyo y su iglesia de san Juan Bautista (torre románica, crucero gótico, pórtico plateresco), para valorar el equilibrio logrado y el cuidado interior (altar mayor renacentista, órgano barroco y sillería del coro) avanzando, a continuación, hacia Astudillo. El castillo de la Mota pura ruina y concentraremos nuestra atención en el real monasterio de santa Clara (siglo XIV), descubriendo las diferentes manifestaciones del gótico-mudéjar en la fachada, artesonados y yeserías. La jornada se completa paseando por calles flanqueadas por casonas, accediendo a las tres iglesias góticas (san Pedro, santa María y santa Eugenia) o a alguna bodega. Diseminados en el término municipal, hay puentes sobre el río Pisuerga y restos románicos en santa María de Dehesa de Espinosilla (XII al XIV), santa María de Valdeolmos y la ermita del Santísimo Cristo de Torre Marte (la torre y puerta son posteriores).
San Cebrián de Campos
Habiéndonos alejado del Canal de Castilla, reemprendemos su curso en Amusco, que posee la ermita de Nuestra Señora de las Fuentes (siglo XIII, transición al gótico) y la parroquia de san Pedro (XVI-XVII, portada románica y otra de transición al gótico). Desde allí, conduciendo por calzadas secundarias, se va a Amayuelas de Abajo (portal románico de san Vicente), San Cebrián de Campos (iglesia gótica de san Cornelio y san Cipriano con un torreón-campanario) o Ribas de Campos (monasterio de la santa Cruz de la Zarza del XII), en cuyo término municipal está la esclusa triple de Calahorra de Ribas, que no perdió el mecanismo de sus compuertas y, visualmente, es más impresionante que la de Fromista.
Esclusa triple de Calahorra de Ribas
El castillo de Monzón de Campos
La carretera nacional nos encamina a Monzón de Campos, entramos en el núcleo para ir a la iglesia del Salvador (XIII románico tardío) y, después, subimos al otero coronado por el castillo (XII y XIV). Más al sur, nos desviamos a la localidad de Husillos, donde nos aguarda la colegiata de santa María de la Dehesa Brava, ejemplo de la transición del estilo románico al gótico.
El castillo de los Sarmiento
Existe una pista de tierra a Fuentes de Valdepero, no obstante, resulta más fácil desandar un trecho hasta el cruce, recuperar la nacional y acercarnos a la fortaleza-palacio de los Sarmiento (siglo XV, Archivo Provincial), con una impresionante torre del homenaje, la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua (XIII, ampliada más tarde) y la ermita de san Pedro (XIII, románica), con buenas vistas del conjunto. La autovía de circunvalación de Palencia lleva a Grijota (iglesia de la Santa Cruz del XVI y ermita de los Ángeles, del XIII), paraje en el que el canal de Castilla se bifurca rumbo a Medina de Rioseco y Valladolid.
Vista de la fortaleza de los Sarmiento, con su imponente torre del homenaje
El rodeo tiene por objeto empezar a conocer Palencia en el sitio que, a mi parecer, es el más espectacular: pasando por los puentes sobre el río Carrión de la fábrica-batan de las Once paradas y el romano de Puentecillas (modificado en los siglos XI y XVI). Subiendo por la calle Salvino Sierra, nos plantamos ante las puertas de catedral gótica de san Antolín (XIV-XVI) que ha preservado una magnífica cripta románica con algún resto visigótico VII). De vuelta a la plaza, la calle Mayor antigua transcurre por el palacio Episcopal (XVII, Museo Diocesano de arte sacro), la encrucijada con la calle san Marcos, emplazamiento de la casa del Cordón (XVI, museo arqueológico) y, de nuevo en Mayor antigua, la iglesia de san Miguel (XI-XIII, románica y gótica). Regresamos por la calle Mayor nueva, la arteria con más vida de la ciudad y escaparate de los gustos burgueses imperantes durante los siglos XIX y XX: casa de los señores García Germán, colegio de Villandrando… Atravesando la plaza Mayor se va a la iglesia de san Francisco (siglo XIII, gótica), para ver la capilla de la familia Sarmiento y el artesonado, el mercado de Abastos modernista (XIX), el monasterio de santa Clara (o de las Claras, gótico del XIV-XV), la iglesia de san Lázaro (XIV, también gótica, con adicciones ulteriores) y, avenida Manuel Rivera adelante, llegar al parque de la Huerta del Guardián y a la ermita románica de san Juan Bautista (XI, originariamente estaba en Villanueva del Río).
Saliendo de la capital nos asomamos a la comarca del Cerrato, un territorio fraccionado por valles y elevaciones pero que, en este punto, es una amplia y rica vega formada por la riberas del Carrión y Pisuerga. Escapa de mi propósito abarcar toda la zona y me limitaré a apuntar la posibilidad de hacer una extensión por Magaz de Pisuerga (ábside románico de san Mamés), Torquemana, Cordovilla la Real, Palenzuela y volviendo por Baltanas, sin descartar las pequeñas sorpresas que proporcionan Villamediana, Valdeolmillos, Hornillos del Cerrato y Herrera de Valdecañas.
Nuestro próximo destino es Villamuriel de Cerrato para contemplar la iglesia de santa María la Mayor (XIII) iniciada en estilo románico, tal y como se puede observar en la puerta y la parte inferior del campanario, y rematada según las formas del gótico inicial. Cabe la opción de aproximarnos a Calabazanos y el monasterio de Nuestra Señora de la Consolación (tumba renacentista y retablos barrocos, pero los dos claustro góticos tardíos están cerrados al público), las esclusas de la acequia o ascender el cerro de la Casa Grande de Monte el Viejo, una torre defensiva a la que se adosaron otras dependencias.
Templo visigodo de san Juan Bautista en Baños
Celosía
Reanudamos viaje en dirección a Venta de Baños y las indicaciones a Baños de Cerrato, aldea que atesora uno de los mayores monumentos de Palencia: la iglesia visigoda de san Juan Bautista (siglo VII), no debiéndonos pasar desapercibidos los arcos de herradura, las molduras decorativas y las celosías de piedra (reconstruidas).
Claustro del antiguo monasterio de san Agustín
Fahada de san Agustín
Puerta plateresca en la Asución
Seguimos hasta el monasterio de san Isidro de Dueñas (o la Trapa, siglo XVIII, algunos restos románicos) antes de parar en Dueñas, en los lindes con la provincia de Valladolid. Un arroyo hace de foso de la puerta del Ojo de la Virgen (ermita de los Remedios), único vestigio de las murallas de la villa, por la que accedemos al convento de san Agustín (XVI-XVII, hoy es biblioteca y casa de cultura). La calle Damas lleva a la iglesia de santa María de la Asunción, fruto de diferentes ampliaciones desde la Edad Media (ábside románico y nave gótica) a los siglos XVII y XVIII (cimborrio barroco y sacristía neoclásica), mientras que, en el interior, destaca el retablo mayor (XVI, gótico flamenco) y los sepulcros de los Buendía (siglos XV y XVI). Otras construcciones de interés son la iglesia gótica del Hospital de Santiago (altar mayor plateresco), la ermita del Cristo (antigua sinagoga), la casa de las Tercias, el Pósito (almacén de grano) y las bodegas, chozosy corrales de pastor.
Castillo de Ampudia
El campanario dela colegiata de san Miguel
Calle porticada de Ampudia
Entrada al castillo
Nos internamos de nuevo en la comarca de Tierra de Campos dirigiéndonos a Ampudia, donde se erige otro gran castillo-palacio (siglos XIII-XV, sede de la Colección Eugenio Fontaneda), largas calles porticadas, en las que el voladizo se sostiene con postes de madera, y la colegiata de san Miguel (XV-XVI, gótico renacentista), aunque el signo distintivo es la torre (llamada Giralda, Novia o la Bella de Campos).
Iglesia de Torremormojón
En las proximidades, la aldea deTorremormojón conserva la iglesia de santa María del Castillo (edificada entre el XII y el XVIII), pero los grandes palomares de adobe corren el riesgo de desaparecer y convertirse en un simple recuerdo, como las ruinas del castillo situado en lo alto de la montaña.
Palomares en ruinas de Torremormojón
Torreón de Belmonte de Campos
Detalle de la torre
El mismo riesgo sufre el solitario y recio torreón almenado de Belmonte de Campos (XV-XVI), pueblo en el que, dejando Medina de Rioseco para otra ocasión, recuperamos el ramal del Canal de Castilla visto en Grijota y lo remontamos. En el horizonte se perfilan los caseríos, campanarios y palomares de Capillas, Villamamiel, Castromocho, Baquerín, Abarca, Autillo de Campos… o poblaciones como Fuentes de Nava (iglesia de san Pedro y casas señoriales) y Frechilla (santa María).
En Becerril de Campos hay un buen número de edificios religiosos: la iglesia-museo de santa María la Antigua (siglo XV, museo de arte sacro y parte del techo de madera), las columnas del pórtico-balcón son de la misma altura que la fachada, las torres de rasilla de los desaparecidos templos de san Martín y san Miguel, o las renacentistas santa Eugenia y san Pedro Cultural (portada románica del XII).
Hospital de san Marcos
Santa Eulalia de Paredes de Nava
Puerta de san Martín
Y como digno colofón de este tramo, nos dirigimos a Paredes de Nava y la imponente iglesia de santa Eulalia (alberga un museo, un órgano restaurado y un retablo renacentista), gótica en lo fundamental pero ampliada a lo largo de los siglos, y un campanario techado con cerámica. Por las callejuelas de detrás buscaremos el patio del Hospital de san Marcos (siglo XV, residencia de la tercera edad) y el claustro del antiguo monasterio de san Francisco (XVII, dependencias del Ayuntamiento). Rematamos el periplo recorriendo las casas de hidalgos y edificios sacros que combinan la fábrica en piedra y ladrillo plano: san Juan, santa María, la ermita de la Vera Cruz (o del Cristo del Palacio), la puerta renacentista y la torre mudéjar de san Martín (santuario reconvertido en Centro de Interpretación).
Caserón de Cisneros
San Facundo y Primitivo
Iglesia de san Pedro
Decoración en ladrillo mudéjar
Dejemos atrás, definitivamente, el Canal de Castilla para disfrutar de otro rincón desconocido, Cisneros, municipio que mantiene una notable homogeneidad en las viviendas rurales de las calles Mayor, don Vicente de Guzman y don Mariano Rodríguez, con originales acabados empleando el humilde ladrillo. En dos de los vértices de este triángulo están las iglesias de san Facundo y Primitivo (siglo XVI, artesonados mudéjares), rodeada por una galería, y la de san Pedro (XVI, museo parroquial y notable retablo). Tomando la carretera a Ledigos y Terradillos de los Templarios, se halla Villalcón y su iglesia de Nuestra Señora del Castillo (artesonado de madera).
Santa María de Villada
Nave de la iglesia de santa María
Otra alternativa es ir aVillada y, si está abierta, entrar la iglesia de santa María (XVIII-XIX, capilla barroca), con una nave que parece tan ancha como larga, pasando después por san Fructuoso (XVII, torre gótico-mudéjar).
En cualquier caso, salimos de Palencia y arribamos a León pues, tal y como ya he dicho en otra ocasión, ni el paisaje ni las costumbres varían demasiado y una línea sobre el papel no separa la realidad de Tierra de Campos. Desde Sahagún prosigue el camino Francés a Santiago de Compostela o, si queremos cerrar un itinerario circular, lo haremos a la inversa por Quintanilla de la Cueza, Carrión de los Condes, Villalcázar de Sirga, Villarmentero de Campos, Población de Campos y acabando en Frómista.
San Tirso de Sahagún
San Zoilo en Carrión
San Lorenzo de Sahagún
Portada románica de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes
En el confín noreste de la península itálica algo no acaba de encajar… parece un lugar indeterminado de la Europa continental en lugar de ser la típica ciudad a orillas del Mediterráneo y, profundizando un poco en su historia, no nos debería de extrañar.
Después de un breve dominio veneciano, allá por el lejano siglo XIII, Trieste (Triest, Trst) fue el principal puerto del imperio austrohúngaro y atrajo a gentes del mosaico de pueblos que lo conformaban. Es cierto que mantenía lazos culturales con Italia, pero éstos también existían con el resto de países de su alrededor, y la adscripción definitiva fue el “premio” por la participación italiana en la Primera Guerra Mundial.
Relativamente próxima a Venecia (dos horas escasas en tren), no tiene entidad suficiente para atraer grandes masas de turistas aunque esto cambia cuando atracan los cruceros. Más bien, es una parada para los que se aventuran por la Regione Friuli Venezia Giulia (Grotta Gigante en Sgonico, basílica de Aquileia, laguna di Grado, ciudadela de Palmanova, logias renacentistas de Udine…) o siguen hacia los países bañados por el Adriático: Eslovenia, Croacia, Montenegro y Grecia.
¿Qué ver?: Mi experiencia en Trieste estuvo condicionada por la tormenta que se desencadenó, desde primera hora de la mañana, y que me hizo desistir del propósito de montar en un tren y bajar en el apeadero del castello di Miramare (siglo XIX, neomedieval). No es agradable pasear por los jardines empapado de agua ni se disfruta de las panorámicas del palacete y el golfo. Así que, improvisando sobre la marcha, localicé la colina en la que se asentó el núcleo primitivo (por cierto, muy mal señalizada), para subir por la scala Dei Giganti (escaleras) que se inicia en via Silvio Pellico o, desde corso Italia, entrar en piazza Silvio Benco y ascender por la via del Monte y la Capitolina, que atraviesa el parco della Rimembranza.
Exterior de san Giusto
Estela de la puerta
Mosaico de la cattedrale di san Giusto
Detalle del mosaico
Una vez arriba, ante nosotros se abre la explanada de la basílica Forense (siglo II) y ya estamos ante el principal monumento: la cattedrale di san Giusto (IX-XIV). Del exterior sólo llama la atención una estela funeraria, dividida y reutilizada para hacer las jambas de la puerta. La sorpresa es que esconde dos templos románicos preexistentes y los ábsides laterales conservan dos impresionantes mosaicos bizantinos (XII).
Mosaico bizantino en el ábside de la catedral di san Giusto
Lapidario Tergestino
La oscura mole del castello di san Giusto (siglos XV-XVII) no pasa inadvertida y, aunque no tenía intención de visitarlo, busqué refugio en él y dediqué un rato al Lapidario Tergestino, una buena muestra de mosaicos y escultura romana en el corazón de un baluarte.
Justo enfrente de la puerta de catedral, unas escaleras bajan al Museo di Storia ed Arte - Orto Lapidario (arqueología local y piezas de otras civilizaciones) y desde allí, por via della Cattedrale, se accede a la parroquia di santa Maria Maggiore (siglo XVII, barroca), la iglesia di san Silvestro (XII, románica) y el arco di Riccardo (I a.n.e.). De forma alternativa, podemos descender por Giuseppe Rota (un pasaje al lado de una casa), pasar ante una torre en ruinas de la antigua muralla e ir a via di Donata, entrada al Antiquarium di via Donota (excavación de una casa romana). Sea cual sea nuestra elección, finalizamos la ruta en el Teatro Romano (siglos I a.n.e. a II n.e.).
Ruinas del teatro romano de Trieste
Palazzo della Luogotenenza
Sólo para entusiastas: Desde allí entramos en el ensanche del siglo XVIII, que ocupó el litoral tras el aumento de población como consecuencia del dinamismo del puerto. Corso Italia en dirección al mar se va a la piazza della Borsa, que toma el nombre de la actividad desarrollada en la Camera di Comercio (siglo XIX, estilo neoclásico) y, girando a la izquierda por el pasaje capo di piazza G. Bartolilleva, entramos en la plaza Unità d’Italia. Dejando a nuestra espalda el lado abierto al Adriático, de izquierda a derecha, se alzan el palazzo della Luogotenenza austriaca (XX, Prefectura), al frente el Ayuntamiento (XIX) y, cerrando la plaza, los edificios Pitteri (XVIII), Grand Hotel Duchi d'Aosta (XIX) y Lloyd (XIX, sede de la Regione Friuli Venezia Giulia).
Grúa de estiba Ursus
Continuando a mano derecha por riva Tre Novembre, se nos ofrece la posibilidad de ver la grúa de estiba Ursus, junto a la terminal de pasajeros, y el Canal Grande, con los palacios Carciotti (XVIII) y Gopcevich (siglo XIX, Museo teatrale Carlo Schmidl) en primer término y las iglesias della Santissima Trinità e di san Spriridione (XIX, ortodoxa) y de sant’Antonio Taumaturgo (o sant'Antonio Nuovo, XIX neoclásica).
El Canal Grande con la iglesia de sant’Antonio Taumaturgo al fondo
Mosaico romano Lapidario Tergestino
Totalmente prescindible: Intentar hacer una ruta buscando los vestigios romanos por las calles de Trieste. Son tan escasos que no merece la pena llevarse una desilusión.
Lo más friki y/o kitsch: Pretender que el faro della Vittoria (XIX) es una atracción turística, excepto los días de regata de veleros.